Saturday, May 19, 2007

La fiesta nacional de los españoles

He aquí una precisa descripción de la tauromaquia, de ese arte milenario que recibe, por razones patrióticas, generosas subvenciones públicas en Asturias. Lo he sacado de La Fraternidad de Babel

"Permitidme que os describa lo que le sucede a un toro desde el momento que sale al coso. El animal pasa de un lugar oscuro a un círculo de arena iluminado por un sol que le ciega momentáneamente. Sólo percibe una intensa algarabía humana a su alrededor. Cuando recupera la visión, distingue una figura que le cita en la distancia. Embiste, pero un capote desvía su acometida. Tras varios mareantes capotazos, un hombre montado a caballo entra en el coso. El toro embiste, impacta contra el costado derecho de la montura, y se encuentra con una puya de diez centímetros clavándose en su carne, rompiendo fibras, tendones, arterias, y dejando un boquete por el que escapa la sangre a borbotones. Tras varios puyazos, algunos de los cuales pueden superar los cuarenta centímetros de extensión, el toro se aleja del picador. Tiene el morrillo lacerado por la pica; una arteria lanza un intermitente chorro de sangre. Siente un dolor terrible. Otro hombre entra en el coso, esta vez sin caballo ni capote. El animal embiste, pero el hombre le esquiva y le clava en la carne dos banderillas, dos arpones, ocho centímetros de acero. Luego, otro par. La banderillas, cuando el toro se mueve, se bambolean de un lado a otro, desgarrando la carne del animal y provocándole un dolor muy intenso. Además, los arpones seccionan músculos, tendones y nervios, impidiéndole al toro levantar la cabeza. Tras la faena, con el animal debilitado por la pérdida de sangre y el dolor, llega la hora de matar. Muchas veces, la espada perfora un pulmón; por eso el toro vomita sangre. Si el animal cae, sufrirá una dolorosa agonía hasta que el puntillero lo remate. Si le quedan fuerzas para seguir acometiendo, recibirá más espadazos; con suerte, alguno le seccionará la médula, acabando rápidamente con su agonía. Eso es lo que les sucede anualmente a unas treinta mil reses en esta nuestra España.

Ah, olvidaba hablar de los caballos de los picadores. Antes iban a cuerpo descubierto, pero quedaba feo ver sus intestinos desparramándose sobre la arena, así que les pusieron peto. El peto protege de las cornadas perforantes, pero 650 kilos de embestida bastan y sobran para romperle las costillas al caballo y reventarle los órganos internos. Por cierto, para evitar los relinchos de terror, que podrían molestar al público, muchas veces se le seccionan al caballo las cuerdas antes de salir a la plaza."

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1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Good for people to know.

6:23 AM  

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